María… Su nombre es sencillo y alegre, como ella. María la del sueño despierto. María hija de la vida. De la Luna y el sol. De las estrellas…
La costa de Asia Menor es tierra de leyendas antiguas. Muchas nos hablan de mujeres altivas, de amazonas y de virgenes que, confiadas en su fuerza, desafiaron el reciente poder de los hombres. Algunas de esas mujeres legandarias fundaron ciudades junto a manantiales de agua clara o en bosques cuajados de olivos, como queriendo perpetuarse en el murmullo de los arroyos o en el rumor de las hojas.
También crearon santuarios en los que persistieron durante siglos algunos de sus rasgos, sobreviviendo a los cambios que dibujaron para siempre otro rostro a la Historia. Quizá fuera en Asia Menor, en ciudades como Sardes, la legendaria capital de los lidios, o Éfeso, cabeza de la provincia romana de Asia, donde mejor permanecieron los recuerdos de aquellas sociedades de mujeres.
En ambas ciudades hubo un templo dedicado a Ártemis, hermana de Apolo, la hija de Zeus y Leto, una diosa antigua e inquietante que la tradición mitológica de los griegos alteró notablemente. En efecto, en su imagen asiática Ártemis se nos presenta con el rostro cuajado de pechos que simbolizan el sagrado don de la fecundidad. Es una imagen que se parece poco a la representación griega de una diosa altiva, virgen, a la que no interesan ni el sexo ni los hombres, y que castiga con saña a quienes como Acteón, tienen la desgracia de contemplar su cuerpo desnudo.
El templo de Ártemis en Éfeso era conocido como Artemision, y debió de impresionar a todos los que tuvieron el privilegio de contemplarlo. Hoy sólo permanecen sus cimentos anegados, rodeados por el rumor de los cañaverales, los chillidos de las aves que los habitan y las voces de los vendedores que a pesar de paso de los milenios, siguen medrando al abrigo del recuerdo de la diosa. Pocos lugares reflejan mejor que éste el desdichado efecto de los actos humanos.
Con el paso del tiempo los cristianos intentaron que su religión brillase en esta tierra difícil en que las mujeres tenían nublados recuerdos de su antiguo poder. Utilizaron como cantera las antiguas piedras talladas del Artemisión y construyeron con ellas buena parte de la basílica que habría de servir de tumba del evangelista Juan. Sin embargo, incluso así, el recuerdo de la vieja Ártemis permaneció vivo; hizo falta que otra virgen, de nombre María, madre de un nuevo Dios, muriese en esta tierra de Éfeso para que la gente común comenzara a perder el recuerdo de la antigua diosa virgen, amante de los manantiales y los bosques.
Una nueva virgen, fecunda como sus antepasadas, para un mundo nuevo regido por los hombres…

Gràcies per deixar-me llegir els teus relats. Una abraçada… Carpe Diem….
Genial, com tot el que escrius, comparteixo amb la Marta Valls , gràcies per compartir-ho amb nosaltres.
Ben trobat el relat relacionant la Verge Maria amb les Deesses i Amazones de llegendes antigues.
Cuando leí lo de María, tristes nubarrones se cernieron sobre mi pensamiento; menos mal que no te referías a esa María de triste recuerdo.
Genial, como siempre.
Un abrazo.
Gràcies. I gràcies per fer palès que tot té un origen.
ohhhhhhhh!!! és la meva Callas, oi??. no saps com t’agraeixo que pensis en mi, sobretot avui, el millor dia de la meva vida! .. et vull amic meu, és preciós i tinc el cor a punt de rebentar de tanta felicitat , ja saps que ho hem passat molt malament aquest any, però sembla que a poc a poc, Déu ens deixa respirar.
Una forta abraçada amore;)