Isadora Duncan: “En la medida en que el sufrimiento de los niños, está permitido, no existe amor verdadero en este mundo…
Hay fotografías que quizá vemos pero no miramos.
“Across the border” (Al otro lado de la frontera) Bruce Springsteen
” Esta noche mi maleta está hecha
Mañana caminaré por estas vías
Que me llevarán al otro lado de la frontera
Mañana mi amor y yo
Dormiremos bajo los cielos castaños
En algún sitio al otro lado de la frontera
En las calle de los barrios de todas las ciudades pululan, igual que planetas perdidos en un cielo infinito, una multitud de niños sin patria, sin hogar, sin refugio. Sobreviven como pueden, asidos al paso de las horas y de las estaciones, condenados a crecer en un mundo que los contempla como una amenaza, como a los hijos ilegítimos de un universo que da vueltas sobre sí mismo sostenido por millones de atlantes cuyos hombros lacerados sangran bajo el peso de su desesperación.
Muchos se saben esclavos, hijos de esclavos. Otros lo son sin saberlo. Sus cuerpos son como los de nuestros hijos; sus deseos, infinitamente más escuetos. Sus sueños forman parte de lo que nuestros hijos desprecian cada día, y sus ojos están teñidos de una tristeza profunda, casi invisible. Tiene manos rasgadas, abiertas por el frío de la soledad.
Dejaremos atrás, cariño
El dolor y la tristeza que aquí encontramos
Y beberemos de las aguas lodosas del río Bravo
Donde el cielo se vuelve gris y amplio
Nos encontraremos al otro lado
Allí, al otro lado de la frontera.
Cuando contemplo a esos niños me pregunto si sobrevivirán a su niñez, si podrán vivir lo suficiente como para intentar abrir alguna de las puertas que los mantienen encerrados en ese mundo sombrío que habitan desde su nacimiento. ¿Qué salida, qué salvación puede ofrecerse a todos ellos, qué camino pueden transitar para contemplar, aunque sea sólo de lejos, el paraíso que se extiende más allá de las sucias calles en las que consumen su vida de prisioneros? ¿Qué dioses son sus dioses? ¿Qué padres son sus padres?
Como pequeños depredadores acechan en las esquinas o se ocultan entre las sombras de la noche. Sus presas, con frecuencia, están marcadas por las mismas desgracias que ellos, y hablan su mismo lenguaje: el idioma de todos los desgraciados, la jerga de los habitantes de un mundo infiel que les ha robado hasta el dolor de sus recuerdos. Ningún dios los invita a sus banquetes; ninguna diosa a su lecho. Ninguno de nosotros hace nada por alterar su destino.
Para tí construiré una casa
En lo alto de una verde colina
En algún lugar al otro lado de la frontera
Donde el dolor y la memoria
El dolor y la memoria hayan sido calmados
Allí, al otro lado de la frontera.
La vida de estos niños sin nombre, sin padres ni familia, es la prueba viviente del fracaso de nuestro mundo. En los telares de oriente, en las minas, en las cocinas de las mansiones, en los campamentos de nuestros ejércitos, en los vertederos en que se pudren los deshechos de nuestra opulencia, en los prostíbulos y en las tabernas, un ejército de esclavos diminutos bulle sin desmayo. Cosen, pican, limpian, fabrican, trabajan sin vértigo para conseguir que la muerte no los arranque de la mísera vida que llevan a diario. Sonríen cuando comen. Tiemblan cuando el humor de sus amos descarga sobre ellos como una tormenta repentina. Sueñan con dioses benefactores que los abrigan mientras duermen.
Y dulces flores llena el aire
Pastos de oro y verde
Se extiende hasta llegar a aguas frescas y claras.
Y en tus brazos bajo cielos abiertos
Besaré el pesar de tus ojos
Allí, al otro lado de la frontera.
Cada noche se refugian en alguna grieta que los aleje de las frías sombras. Calientan sus cuerpos con el calor de otros cuerpos que comparten con ellos el fuego de sus desgracias, mientras intentan disfrutar del silencio que al anochecer se abate sobre el mundo.
Esta noche cantaremos las canciones
Soñaré contigo, mi corazón
Y mañana mi corazón será fuerte.
Y ojalá que la gracia y la bendición de los santos
Me lleven a salvo hasta tus brazos
Allí, al otro lado de la frontera.
Saben que, al alba, la luz del sol habrá de calentar una tierra en cuyo vientre nada crece para ellos.
Por lo que somos
Sin la esperanza en nuestros corazones
De que un día beberemos de las aguas sagradas de Dios
Y comeremos la fruta de la viña
Sé que el amor y la fortuna serán míos
En algún lugar al otro lado de la frontera.”


Pep, no puc fer res més que tornar a donar-te les gràcies. Estic escrivint això i acabant d’escoltar la canço. He llegit l’article, que ara rellegiré… He hagut de sortir una estoneta aquesta tarda, i ha sigut tornar a obrir l’ordinador i trobar-me dos missatges teus. Una bona acollida…. + petons.
Quasi no tinc paraules, és tan trist, , pensar que ningú fa res per ells. I nosaltres els contemplem amb pena.
Quina injustícia tan gran, les persones que tenen poder, segur que ho podrien solucionar, prefereixen, deixar-ho a les nostres conciències, i ens fan sentir culpables, de tenir tota la riquesa básica que tenim, per nosaltres insuficient.
La frase de la isadora Duncan, magistral, pobre ballarina morir tan jove, encara podia donar tan.
M’grada el Bruce, sempre compromés amb els mes febles.
Moltes Gràcies Pep, comparteixo la teva inmensa sensibilitat.
Muchisimas gracias…Genial el Blog, Pep, un beso