Piratas financieros   2 comments

Decíamos ayer..

“La canción del pirata”  de José de Espronceda

Con diez cañones por banda,

Viento en popa, a toda vela,

No corta el mar, sino vuela

Un velero bergantín.

Bajel pirata que llaman,

Por su bravura, el “Temido”,

En todo mar conocido

Del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela,

En la lona gime el viento,

Y alza en blando movimiento

Olas de plata y azul;

Y ve el capitán  pirata,

Cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

Y allá a su frente Stambul…

Todo el mundo atraído por el anuncio solemne que se había hecho unos días antes, estaba sentado frente al televisor o se fueron congregando en la sede de la ONU,  (Primera Avenida de Nueva York): todas las potencias habían por fin decidido poner coto a las actividades de los piratas.

Una sensación de alivio había recorrido todos los puertos de todo el mundo: las familias de pescadores y marineros, los armadores dueños de barcos, las empresas dedicadas a la contratación de toda suerte de fletes y de mercancías parecieron respirar con algo de calma en aquellos dias en que, por primera vez, un decreto de las NNUU parecía tomarse en serio el gravísimo problema de las seguridad en los mares y de la viabilidad de las rutas comerciales.

Aquella tarde de otoño, con el sol calentando los rostros y la brisa haciendo ondear las telas de los vestidos, la ONU iba a revelar solemnemente el nombre de la persona encargada de llevar a cabo un ambicioso plan contra las prácticas de los piratas: los robos, las amenazas, los secuestros y los asesinatos cometidos por las hordas de desheredados dedicados al lucrativo negocio de la piratería iban a ser atacados de frente. Definitivamente.

Navega, velero mío,

Sin temor,

Que ni enemigo navío,

ni tormenta, ni bonanza

Tu rumbo a torcer alcanza,

Ni a sujetar tu valor.

Veinte presas

Hemos hecho

A despecho

Del inglés,

Y han rendido

Sus pendones

Cien naciones

A mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,

Que es mi Dios la libertad,

Mi ley, la fuerza y el viento,

Mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra

Ciegos reyes

Por un palmo más de tierra;

Que yo aquí tengo por mío

Cuanto abarca el mar bravío,

A quien nadie impuso leyes.

Mas cuando los gobernantes comenzaron a salir del edificio de las NNUU, la multitud no prorrumpió en gritos de alabanza ni de júbilo. Sólo silencio; un espeso silencio que, repentinamente, se adueñó de aquel espacio.

Los amos del mundo dirigieron su atónita mirada hacia el corazón de la multitud. Escudriñaban los rostros, los cuerpos, los movimientos de la gente, como quien mira una masa informe, estúpida, carente de inteligencia y de poder. Mas no eran capaces de percibir ninguna señal que les hiciera comprender el origen, la explicación de aquel tenso silencio que parecía ser el preludio de una tormenta cargada de negros presagios.

Y no hay playa,

Sea cualquiera,

Ni bandera

De esplendor,

Que no sienta

Mi derecho

Y dé pecho

A mi valor

Que es mi barco mi tesoro,

Que es mi Dios la libertad,

Mi ley, la fuerza y el viento,

Mi única patria, la mar.

A la voz de “barco viene”

Es de ver

Cómo vira y se previene

A todo trapo a escapar.

Que yo soy el rey del mar.

Y mi furia es de temer.

En las presas

Yo divido

Lo cogido

Por igual

Sólo quiero

Por riqueza

La belleza

Sin rival

Realmente, aquellos dirigentes que regían el mundo a impulsos de sus propias necesidades, no comprendían que algún misterio había hecho al pueblo percibir que ellos eran los que provocaban las carestías y las hambrunas; ellos subían y bajaban el valor de las monedas, las bolsas según el discurrir de sus propios intereses; ellos gobernaban las naciones como si fueran sus fincas; ellos sostenían tiranos y alimentaban guerras.

Los ciudadanos, el pueblo por fin había entendido que aquellos hombres, rectores del mundo, administradores del dolor, del hambre y de la muerte, eran los piratas.

Sentenciado estoy a muerte!

Yo me río;

No me abandone la suerte,

Y al mismo tiempo que me condena

Colgaré de alguna entena

Quizá en su propio navío.

Y si caigo,

¿Qué es la vida?

Por perdida

Ya la di,

Cuando el yugo

Del esclavo,

Como un bravo

Sacudí

Que es mi barco mi tesoro,

Que es mi dios la libertad,

Mi ley, la fuerza y el viento,

Mi única  patria, la mar.

Son mi música mejor

Aquilones,

El estrépito y temblor

De los cables sacudidos.

Del negro mar los bramidos

Y el rugir de mis cañones.

Y del trueno

Al son violento

Al rebramar,

Yo me duermo

Sosegado,

Arrullado

Por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,

Que es mi Dios mi libertad,

Mi ley , la fuerza y el viento,

Mi única patria, la mar…..”

piratas1

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Posted agosto 3, 2011 by actorsecundario in Uncategorized

2 responses to Piratas financieros

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  1. Quina gràcia m’ha fet Pep!!! T’he dit que el tenia tot, potser no… però una bona part sí… Me l’he llegit ara. Gràcies!!! M’agrada molt que m’enviis enllaços!!! Un petó!!!

  2. Home, gràcia, gràcia. És ben seriós, encara que el Pep tingui gràcia per muntar aquestes entrades tant interessants i enginyoses. Jo fa molts anys que em sé el poema d’Espronceda de memòria. L’he recitat molts cops. Una abraçada, Pep.

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