“… este es el rostro por el que un millar de navíos se hicieron a la mar y ardieron las torres de Ilión? . Dulce Helena , házme inmortal con un beso tuyo!! “ (Fausto de Goethe)
¿ Dónde has estado desde que frente a los muros de Troya lucharon en tan magna empresa los hijos de los Dioses? ¿ Por qué vienes de nuevo a nuestro mundo vulgar?.Porque fuiste tú quien, como una estrella flotando en el plateado silencio de la noche, te hiciste con la hidalguía y la fuerza del antiguo mundo y las lanzaste sobre las rojas olas de la guerra.
“Qué hago yo ? ” de Ha Ash
“ Entraste como un rayo de luz
Como un aire encantador
Liberaste con tu hechizo
A mi recluso corazón
Tu dulzura corrió por mis venas
¿ O acaso reinaste en la luna incendiada? En la amorosa Sidón levantaron tu templo, sobre las luces y las risas del mar, donde detrás de las celosías forjadas en oro y grana alguna muchacha de bronceados miembros tejía tu tapiz en las pesadas y tediosas horas del mediodía; hasta que sus pálidas mejillas se encendían de pasión y corría rauda a besar con sus labios bañados de mar al navenante chipriota que regresaba a salvo de Calpe y de los acantilados de Hércules.
¡Pero tú eres Helena! ¡Helena, la única! Por ti perdió la vida el joven Sarpedón y se apagó prematuramente el viril Memnóm. Por ti Héctor, el del penacho dorado, con el hijo de Tetis la funesta carrera emprendió en los estertores de tu asedio. Y aún hoy el esplendor de tu fama arde en los campos de pisoteados asfódelos ( flores en las tumbas de los muertos), donde los bravos caballeros tan caros a Ilión chocaban sus fantasmales escudos e invocaban tu nombre.
¿Dónde has estado? ¿Acaso en la tierra encantada por cuyos dormidos valles vagaba la abandonada Calipso, en la que nunca se corta la rosa al comenzar el día, pero donde la hierba crece salvaje y el melancólico pastor contempla las altas espigas hasta que el bermellón del verano se reduce a cenizas? ¿ O tal vez tendida cerca de un arroyo del Leteo, evocando absorta tus lejanos recuerdos, el fragor de quebradas lanzas, el intenso brillo de estremecidos yelmos, el grito de guerra de los griegos?
¡Pero no! Oculta estabas en la tenebrosa colina con aquella que ha sido olvidada para siempre, aquella destronada reina que llamaron Erycina; tan escondida que jamás se pudo ver su rostro, ante cuyo ruinoso santurario hay en Roma se arrodillaron los pueblos en silencio; y quien del Amor no obtuvo su regocijante alegría, sino tan sólo el insufrible dolor, tan sólo la espada que su corazón partió en dos, tan sólo la amargura del alumbramiento.
Me dices que te esta llamando
Te vas sin un adiós
Sé muy bien que harás en sus brazos
Dime que hago yo.
Qué hago con mis labios
Si me ruegan tus besos
Qué hago con mis manos
Cuando suplican tu regreso
Qué hago con mis noches
Qué hago con mis dias
Qué hago con tu esencia que se aferra a la mía
Dime…¿ qué hago yo?
Los pétalos de loto que curan las heridas de la muerte yacen en la palma de tu mano. Sé benigna conmigo mientras aún viva el verano de mis días, pues apenas mis trémulos labios pueden tomar aliento para henchir las trompetas de plata con tus alabanzas; por eso me inclino y rompo la terrible rueda del Amor, pues ya he perdido la esperanza y la fe para cantar. Mas si en tu templo me es dado arrodillarme, no me importará que en ruinas me convierta el tiempo.
Pero, tú no te quedarás aquí; pues como aquel pájaro, el criado del sol, que vuela antes de la noche y del viento del norte, así escaparás tú de esta infausta y triste tierra hacia la torre de tu atiguo deleite y los rojos labios del tierno Euforión ( Hijo de Aquiles y Helena). Ya no volveré a ver tu rostro, pues en este pozoñoso jardín me quedaré con la frente coronada de dolorosas espinas hasta que ya no quede nada de mi desolada vida.
¡Helena, Helena, Helena! ¡Por un instante, por un breve instante, quédate aquí, hasta que llegue el alba y las sombras huyan! Porque en la luminosa claridad de tu sonrisa no pienso ni en el Infierno ni en el Cielo, ni los temo, y al verte no venero a ningun a otra divinidad.
¡Tú no naciste como las demás mujeres! De la profundidad de los zafíreos mares surgiste envuelta en una plateada nube de espuma, y a tu llegada una estrella inmortal, de llamas aristada, fulgió en los cielos de Oriente y despertó a los pastores de tu isla diamantina. Tú no debes morir: ningún áspid de Egipto serpentea junto a tus talones envenenado el aire, ni mancha tus cabellos una diadema de amapolas marchitas, heraldos escarlatas del sueño eterno.
¡Lirio de amor, inviolado y puro!¡Torre de márfil! ¡Rosa roja de fuego! Has bajado hasta aquí para iluminar nuestra oscuridad y a nosotros, cautivos en la vasta red del Destino, esperando contritos el Deseo del Mundo, errando sin rumbo por la Casa de la Tristeza, buscando en vano el soporífero remedio para las desoladas vidas, para las eternas desdichas, hasta que podamos contemplar tu nuevo sepulcro y la altísima gloria de tu belleza.
Hablamos solo cuando puedes
Te abrazo al esconder
Que no haría para tenerte
A mi lado al amanecer
Antes de ti no era igual
Antes de ti mi vida no tenía sentido
Antes de ti no sabía amar.
Qué hago con mis labios
Si me ruegan tus besos
Qué hago con mis manos
Cuando suplican tu regreso
Qué hago con mis noches
Qué hago con mis dias
Qué hago con tu esencia
que se aferra a la mia
Dime qué hago yo…”




